Un misil contra una lancha pesquera. Tres muertos en aguas latinoamericanas. Y la confesión directa de Donald Trump, que no solo lo ordenó sino que además lo presumió. ¿Estamos frente a una simple operación antidrogas o ante el inicio de una guerra encubierta contra América Latina?
El propio Gustavo Petro, presidente de Colombia, lo llamó por su nombre: asesinato. Washington no interceptó, no decomisó, no presentó pruebas. Simplemente lanzó un ataque letal en mares que no le pertenecen. ¿Por qué arriesgarse a una violación tan abierta del derecho internacional?
Lo que está en juego no es solo un par de lanchas, sino la narrativa de siempre: el disfraz de “lucha contra el narco” para justificar una intervención militar. Y detrás de todo, un botín mucho más grande que unas cuantas incautaciones: el petróleo venezolano.
El asesinato en el Caribe que lo cambió todo
Trump reconoció públicamente haber destruido tres embarcaciones frente a Venezuela. Los atacó con misiles, aun cuando estaban detenidas y sin representar amenaza alguna. El argumento oficial: eran narcolanchas. El problema es que jamás hubo decomiso, evidencia ni arrestos. Solo fuego y muertos.
Gustavo Petro no se quedó callado. Acusó a Estados Unidos de asesinar latinoamericanos en su propia tierra, denunciando que Washington actúa como si tuviera jurisdicción sobre aguas que no le corresponden. Y tenía razón: ni el Congreso estadounidense ni la ONU autorizaron estas acciones. Fue una ejecución extrajudicial con fines propagandísticos.
La narrativa de la “guerra contra las drogas”
Desde Nixon en los 70, la llamada “guerra contra las drogas” ha costado más de un millón de vidas latinoamericanas. Y sin embargo, según la propia DEA, el consumo en EE.UU. no ha disminuido. Lo que sí ha aumentado es la violencia en la región y el número de bases militares norteamericanas.
Aquí está la contradicción más brutal: la DEA reconoce que el 92% de la cocaína incautada en EE.UU. proviene de Colombia, país lleno de tropas y asesores estadounidenses. Mientras tanto, menos del 10% pasa por rutas cercanas a Venezuela. ¿Entonces por qué el foco está en Caracas y no en Bogotá?
El petróleo detrás de los misiles
Mientras Trump presume ataques militares, su administración autoriza a Chevron a extraer crudo venezolano y llevarlo a Texas y Luisiana. El mismo Estado que acusa a Maduro de “narcoterrorismo” es el que negocia con él para acceder al petróleo. Una doble moral que revela la jugada real: recursos energéticos, no drogas.
Venezuela tiene las mayores reservas probadas de petróleo del mundo, más de 303 mil millones de barriles. En Washington lo saben: ese oro negro podría ser la tabla de salvación para una economía estadounidense hundida en una deuda impagable. La ecuación es simple: demonizar a Maduro, justificar la intervención y quedarse con el botín.
Un libreto repetido
Panamá en 1989, Irak en 2003, Libia en 2011. Siempre el mismo patrón: fabricar una amenaza, intervenir militarmente, capturar o eliminar al “dictador incómodo” y después saquear los recursos. Ahora ese guion apunta a Caracas, con Trump usando las “narcolanchas” como excusa.
La diferencia es que esta vez el teatro se desarrolla en América Latina, con pescadores convertidos en bajas colaterales y con gobiernos vecinos en alerta. Colombia ya levantó la voz, pero otros prefieren callar.e filtra abre una herida más profunda. Y con 18,000 en total, apenas hemos visto la punta del iceberg.
Pero lo que ocurrió después no tiene nombre… mira el video completo aquí.
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