Un reloj sonando en cuenta regresiva. Tropas anfibias desembarcando en Puerto Rico. Y todo publicado en la cuenta oficial del Comando Sur de Estados Unidos. No es una película ni un tráiler de guerra: es la señal más clara de que los preparativos para una invasión en América Latina ya están en marcha.
Mientras la Casa Blanca habla de “seguridad hemisférica”, Donald Trump presume ataques a lanchas venezolanas con misiles. Sin pruebas, sin decomisos, sin autorización del Congreso ni de la ONU. Solo explosiones y cadáveres en aguas latinoamericanas.
¿De verdad creen que esto es por el narcotráfico? O más bien, ¿estamos frente a la excusa perfecta para lo que siempre han querido: quedarse con el petróleo y el gas de Venezuela?
El mensaje oculto en el video del Comando Sur
El Comando Sur subió un video de apenas 24 segundos. Imágenes de asaltos anfibios en Puerto Rico, soldados entrenando y, de fondo, el sonido de un reloj marcando el tic-tac de una cuenta regresiva. No es casualidad. Es propaganda militar dirigida a toda la región: ya tienen fecha, lugar y objetivo.
Trump no lo disimula. Habla de “derribar aviones venezolanos” y de “bombardear botes”. Pero la realidad es grotesca: lo único que han mostrado son lanchas de pescadores explotando bajo un misilazo. Ninguna prueba de drogas, ningún decomiso, ningún arresto. Solo ejecuciones extrajudiciales presentadas como “maniobras antidrogas”.
¿Narcotráfico o petróleo?
Aquí está el punto clave. La DEA reconoce que el 92% de la cocaína incautada en EE.UU. viene de Colombia, país con bases y tropas norteamericanas desde hace décadas. Menos del 10% circula por rutas cercanas a Venezuela. Entonces, ¿por qué desplegar buques de guerra frente a Caracas?
Porque Venezuela no es solo un país incómodo. Es el dueño de las mayores reservas de petróleo del planeta y de enormes yacimientos de gas y coltán. Trump no busca lanchas con cocaína: busca un botín energético capaz de rescatar a la economía estadounidense de una deuda de más de 35 billones de dólares.
El libreto repetido
La película ya la vimos: Panamá en 1989, Irak en 2003, Libia en 2011. Primero demonizan al líder incómodo, luego fabrican una amenaza (terrorismo, narcotráfico, dictadura) y finalmente intervienen para saquear recursos. Hoy, la excusa son las narcolanchas.
Pero la realidad es que, mientras Trump ordena ataques y ofrece 50 millones por la cabeza de Maduro, su gobierno da licencias especiales a Chevron para seguir operando en Venezuela. Hipocresía pura: bombas de un lado, contratos petroleros del otro.
¿Y América Latina qué?
El problema no termina en Caracas. México, Brasil y Colombia deben poner sus barbas a remojar. Porque si hoy es Venezuela, mañana puede ser cualquiera. Trump ya llamó “Golfo de América” al Golfo de México, como si fuera suyo. Y mientras tanto, empuja a México a romper con China y Rusia, debilitando cualquier alternativa de defensa o comercio independiente.
El riesgo es claro: normalizar que Estados Unidos se arrogue el derecho de atacar, ocupar o sancionar a quien quiera, sin autorización internacional. Una dinámica peligrosa que amenaza la soberanía de toda la región.
Pero lo que ocurrió después no tiene nombre… mira el video completo aquí.
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