martes, agosto 4, 2026

México le Cierra la Llave a las Gasolineras de EE. UU.: El Golpe Histórico al Huachicol Transfronterizo

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Durante años, el robo de combustible parecía un problema interno de México. Pero lo que acaba de destapar Omar García Harfuch deja en ridículo esa narrativa: la gasolina robada en México se vendía —legalmente y a precio de oro— en gasolineras de Texas y otros estados de EE. UU. No era un crimen menor, era una operación binacional con actores de cuello blanco, complicidad aduanera y ganancias obscenas.

Esta semana se dio un golpe fulminante. Se decomisaron más de 50 millones de litros de diésel ilegal en solo seis meses. Y por primera vez, se exhibe públicamente la red de corrupción que protegía a los ladrones… y sus socios en el extranjero.


El verdadero negocio del huachicol estaba en EE. UU.

No eran pequeños grupos robando gasolina con bidones. Hablamos de trenes, pipas industriales, mini refinerías clandestinas y rutas bien trazadas hacia gasolineras gringas. Todo con la venia —o el silencio cómplice— de agentes fronterizos y aduanales de ambos lados.

Se descubrió que gran parte de este combustible era etiquetado con códigos falsos para burlar los controles: lo declaraban como “aceite mineral” o “solventes”, cuando en realidad era diésel robado y adulterado que cruzaba la frontera sin revisión.


¿Y las autoridades estadounidenses? Ciegas… o compradas

Mientras EE. UU. presume sus altos estándares regulatorios, dejaba pasar pipas repletas de gasolina robada. A los ciudadanos los revisan hasta los calcetines, pero a los camiones de huachicol: “¡Pásale, pásale!”.

¿Por qué? Porque el negocio era redondo. El combustible robado entraba barato y se vendía caro como si fuera refinado de alta calidad. Así es como muchas gasolineras de Texas se llenaban los bolsillos con gasolina mexicana robada, vendiéndola incluso de regreso a México.


El cambio que lo arruinó todo

La jugada fue simple pero devastadora: ajustar la fracción arancelaria. Es decir, etiquetar correctamente los combustibles en la aduana. Si parece diésel, huele a diésel y sirve como diésel, se declara como diésel. Punto. Ya no pueden disfrazarlo como lubricante. Con eso se acabaron los pases mágicos.

Hoy, cada pipa que cruza necesita pruebas, facturación electrónica, lectura de tanques y trazabilidad. Y si algo no cuadra, se confisca todo y se embarga la empresa. Así de claro.


El golpe brutal: cifras que quitan el aliento

  • Más de 50 millones de litros incautados en solo seis meses.
  • 129 pipas detenidas en Coahuila, con más de 15 millones de litros.
  • Mini refinerías clandestinas descubiertas en Veracruz.
  • Trenes completos cargados con huachicol decomisados.

Este no era robo hormiga. Era una estructura empresarial paralela a Pemex, operada por criminales, empresarios y funcionarios corruptos.


La cloaca apenas se destapa

Lo más escandaloso es que el negocio no solo era conocido por autoridades mexicanas, sino también por estadounidenses. Y ahora que México decidió cortar el flujo, Washington está furioso. No les gusta que se les cierre el negocio. No les gusta que se hable claro.

Pero lo que hoy vimos es solo el principio. Si estas redes existen, es porque alguien arriba las protege. La pregunta ya no es quién roba gasolina. La pregunta es: ¿quién se está enriqueciendo con ella desde las sombras?


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