Estados Unidos lleva semanas con el gobierno federal cerrado, el Capitolio vacío y el Congreso… de vacaciones. ¿Cómo se gobierna un país sin ley? Fácil: se apaga el poder legislativo y se deja que un solo hombre lo controle todo.
No es una broma ni un episodio de “House of Cards”. El Congreso de EE.UU. lleva cuatro semanas completamente apagado. No es receso. No es pausa. Es un sabotaje institucional, orquestado desde adentro para que Donald Trump gobierne sin frenos. ¿La excusa? Que no hay acuerdo presupuestal. ¿La realidad? Que sí lo había, pero Mike Johnson —presidente de la Cámara y aliado MAGA— ordenó cerrar todo y mandó a los congresistas de vacaciones… pagadas.
Mientras millones de empleados públicos no cobran, los congresistas se autoimpusieron vacaciones y el país se quedó sin legisladores, sin leyes nuevas y sin contrapesos. Todo esto ocurre mientras Trump mueve dinero, congela agencias, lanza guerras encubiertas y nadie puede detenerlo. Literalmente, apagaron el Congreso como si fuera Alexa.
El Capitolio en coma… y nadie lo enciende
No hay supervisión. No hay sesiones. No hay legislación. Lo que hay es un Congreso muerto, con las puertas cerradas desde adentro. El gobierno está en shutdown, los servicios públicos colapsados y más de 1 millón de trabajadores federales sin salario. ¿Quién trabaja? Nadie. ¿Quién cobra? Todos los congresistas.
Y el que lo ordenó, Mike Johnson, no se esconde. Admite abiertamente que no están legislando y que ya tienen “vacaciones” firmadas por tres semanas más. Como si no pasara nada. Como si tener apagado al poder legislativo más poderoso del mundo fuera normal.
Trump ya no necesita decretos
Lo grave no es solo que el Congreso esté cerrado. Es que nadie lo cuestiona. Porque el objetivo real de este apagón institucional es dejar el camino libre a Trump. Sin legisladores que le pongan freno, puede decidir qué programas se congelan, qué fondos se cancelan y qué guerras se financian.
Ya está pasando: su director de presupuesto ordenó recortes de $230 millones en programas de energía, mientras envía más armas a Israel, Ucrania y hasta Argentina. Para salud, educación o veteranos, no hay un peso. Pero para expandir el poder militar, ahí sí no hay shutdown que valga.
Vacaciones pagadas… mientras el pueblo se hunde
Mientras los congresistas descansan, 2.2 millones de veteranos se quedaron sin beneficios. Cientos de miles de familias no reciben sus estampillas de comida. 19,000 inspectores de seguridad aérea trabajan sin cobrar. Y nadie en el Capitolio está levantando la voz. Solo se oye el eco del abandono.
¿Y el costo de tener el gobierno cerrado? Más de $5,000 millones de dólares por semana. Todo para que Trump pueda mover piezas sin que nadie lo supervise.
¿Una dictadura suave?
Esto no es caos. Es cálculo. Es estrategia. Trump no quiere un Congreso. Le estorba. Lo que busca es gobernar por omisión, sin votos, sin oposición, como un monarca temporal, usando el shutdown como pantalla. Y lo está logrando. Porque si después de 4 semanas nadie se indigna, es que ya normalizaron el golpe blando.
Y mientras tanto, la limpieza ideológica dentro del Partido Republicano avanza sin frenos. Chats filtrados revelan mensajes antisemitas y supremacistas entre jóvenes asesores MAGA. Pero nadie fue sancionado. Solo dijeron que eran “jóvenes confundidos”. La realidad: están formando el próximo ejército político de Trump.
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