Ricardo Salinas Pliego, el magnate que presume helicópteros, relojes y frases clasistas contra los mexicanos, estuvo a dos semanas de ser encerrado en Rikers Island, una de las cárceles más brutales de Estados Unidos. Una jueza en Nueva York le giró una orden de arresto por negarse a pagar 20 millones de dólares. Sí, el mismo “tío Richi” que llama flojos a los pobres casi termina entre asesinos y pandilleros.
Lo más escandaloso no es solo la orden de aprensión en EE.UU., sino el tamaño de las deudas que arrastra en México y con inversionistas internacionales. Estamos hablando de miles de millones que no ha pagado y que podrían hundirlo a él… y de paso costarle al erario mexicano.
¿De verdad estamos frente a un “empresario exitoso” o ante un deudor profesional blindado por jueces y privilegios?
El magnate que casi pisa Rikers Island
La jueza Andrea Masley no se anduvo con rodeos: o pagaba 20 millones de dólares o se iba directo a Rikers Island, la prisión neoyorquina marcada por torturas, hacinamiento y hasta suicidios. Salinas Pliego se salvó a última hora soltando una fianza de 25 millones. Pero el expediente sigue abierto.
Este episodio comenzó con la venta de Iusacell y Nextel a AT&T en 2014. El problema: Salinas ocultó pasivos fiscales que nunca liquidó. AT&T lo demandó en Nueva York y, tras años de evasivas, en 2023 fue declarado en desacato. En 2024, la jueza fue contra él como persona física. La advertencia fue clara: aquí no hay jueces a modo.
Un imperio sostenido en deudas
Más allá de Estados Unidos, la lista de pendientes es brutal:
- 74,000 millones de pesos con el SAT, equivalentes a unos 4,000 millones de dólares.
- 565 millones de dólares con fondos en EE.UU. tras incumplir pagos de bonos de TV Azteca.
- Demandas de arbitraje internacional bajo el T-MEC que, si México pierde, podrían terminar pagándose con dinero público.
El “empresario ejemplar” que presume en podcasts y redes sociales no es otra cosa que un deudor que vive de estirar plazos, amparos y favores judiciales.
La imagen vs. la realidad
Mientras tanto, Salinas Pliego sigue jugando al millonario en redes sociales: helicópteros, caballos, relojes. Pero cada post es gasolina para la indignación. ¿Cómo puede alguien que debe más de lo que vale burlarse de la clase trabajadora?
En México todavía se le dan micrófonos y entrevistas como si fuera un gurú financiero. En Estados Unidos, en cambio, ya comprobaron que no paga ni cuando lo ordena una corte. La diferencia es brutal: allá casi lo mandan con pandilleros y asesinos, aquí todavía se le protege.
Lo que está en juego
No es solo su fortuna personal. Si el Estado mexicano no logra cobrarle, la credibilidad de la justicia fiscal se hundirá aún más. Si cualquier ciudadano común termina embargado por unos miles de pesos, ¿por qué un magnate puede deber miles de millones sin consecuencias?
Salinas Pliego no enfrenta una persecución política, enfrenta la realidad: cárcel, embargos y ruina. Su personaje de millonario intocable se está desmoronando, y en Estados Unidos ya no compran su discurso.
Pero lo que ocurrió después no tiene nombre…
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