Lo que debía ser un debate sobre eliminar plurinominales terminó en un espectáculo bochornoso: Alejandro “Alito” Moreno irrumpió a empujones contra Gerardo Fernández Noroña, pateó y escupió a un trabajador del Senado y convirtió el recinto en un ring. No fue accidente. No fue “forcejeo”. Fue provocación pura y dura.
Mientras el país esperaba una votación clave, el “show” opacó el tema central y nos dejó esa imagen vergonzosa circulando en medios dentro y fuera de México. ¿Casualidad? Difícil creerlo. Cuando no alcanzan los argumentos, siempre aparece la violencia… y la distracción.
Hoy toca preguntarnos: ¿de verdad vamos a tolerar que un senador plurinominal con denuncias encima dicte la agenda a patadas… y encima se haga la víctima?
La escena: del debate a la agresión
El Senado estaba encendido. Noroña había subido a tribuna a denunciar —con nombres y apellidos— a quienes, desde la oposición, coquetearon con la idea de una “intervención” de EE.UU. en México. Palabras mayores: traición a la patria, dijo. El PRI y el PAN lo negaron; los videos y tuits les quemaban en la bolsa.
Acto seguido, Alito Moreno se levanta de su curul, se lanza sobre Noroña y desata el caos. En el jaloneo, un empleado del Senado intenta contener… y termina empujado, pateado y escupido. Remate: “No te levantes”. Dominancia de perro callejero, pero con fuero.
El tema que Alito quería enterrar: adiós a plurinominales
Esto no fue un arrebato: fue una cortina de humo. La sesión de anoche incluía discutir y votar la eliminación de los plurinominales (esa puerta trasera por la que nadie vota y, sin embargo, acaba en el Senado). Justo el canal por el que Alito está ahí.
Conclusión obvia: si cierran la llave de las pluris, muchos impresentables pierden su paraguas de impunidad. ¿Solución? Reventar la sesión, reventar el tema, reventar al adversario. Y a cámara abierta.
¿Quién es Alito (y por qué está ahí)?
No hace falta romantizar: Alejandro Moreno Cárdenas no llegó al Senado por voto directo; llegó por lista. Y con un historial de carpetas de investigación por desvío de recursos, enriquecimiento ilícito y otras joyitas (según fiscalías y reportes que se han documentado en distintos momentos). Además, audios y señalamientos por presionar o amedrentar periodistas han circulado hasta el cansancio.
En lugar de responder con argumentos y pruebas, eligió golpear. ¿Por qué no aplicó esa “valentía” con quien tiene su tamaño? Fácil: el poder se ejerce donde duele menos: contra un trabajador sin fuero.
Lo legal: no solo es “un mal momento”
No se trata de “¡qué pena ajena!” y ya. Lo de anoche podría encuadrar en lesiones, abuso de autoridad y ataques en el ejercicio de funciones públicas. Que sea senador agrava, no atenúa. El fuero no es un superpoder: es un procedimiento. Si hay voluntad, hay desafuero. Y si no la hay, hay complicidad.
Los medios y el lenguaje que lava culpas
Otra vergüenza: titulares tipo “Noroña y Alito se pelean”. No, no hubo “pelea”. Hubo agresión. El lenguaje importa: equiparar al agresor con la víctima blanquea la violencia y, de paso, desvía la conversación del punto neurálgico: plurinominales y rendición de cuentas.
¿Por qué arde tanto lo de “traición a la patria”?
Porque toca un nervio que la oposición prefirió olvidar: pedir la intervención de un ejército extranjero no es “libertad de expresión bonita”; es cruzar una línea roja. Noroña la nombró. A varios les ardió. Y cuando arde, rompen el micrófono… o a quien lo sostiene.
El patrón: Washington, fuero y obediencia
Según se ha reportado, Alito lleva meses tendiendo puentes con operadores en EE.UU. para vender la narrativa de que aquí hay “dictadura” y “persecución”. Traducción: búsqueda de protección política allende el río Bravo. ¿La contraseña? Seguir siendo útil. ¿Cómo? Atorando la reforma que les corta la vía pluri. Adivina a quién le conviene que los “inamovibles” sigan inmunes.
Lo que sí debería pasar (si el Senado se respeta)
- Investigación inmediata de la agresión con acceso a todas las cámaras del recinto.
- Solicitud de desafuero y cautelares: no acercarse a la víctima, no ingresar al pleno mientras dure el proceso.
- Votación ya de la reforma que elimina plurinominales. Si hay mayoría, que se note en hechos, no en tuits.
- Mensaje conjunto de todas las bancadas (sí, todas) rechazando cualquier intervención extranjera en asuntos internos.
No es anécdota parlamentaria: es un precedente
Si esto pasa en cadena nacional y no hay consecuencias, el mensaje es devastador: se vale pegar, escupir, patear y luego dar entrevistas como si nada. El Senado deja de ser foro de ideas para convertirse en trinchera de mafiosos con curul.
El fondo que no podemos soltar
El golpe real fue al debate sobre plurinominales. El país no necesita más “figuras intocables” con pase VIP a la impunidad. Necesita representación directa, responsabilidades claras y que el voto —no las listas— decida quién se sienta en esa silla.
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