Un video grabado desde las calles de Washington DC destapó lo que muchos temían: Alejandro “Alito” Moreno, líder del PRI, huyó justo cuando la Fiscalía de Campeche pidió su desafuero por desvíos millonarios. Con una sonrisa forzada y frases de “ánimo y carácter”, aseguró que estaba “trabajando por México”… pero lo hacía a dos cuadras de la Casa Blanca.
La pregunta es inevitable: ¿qué hace un político acusado de robar más de 83 millones de pesos buscando reuniones “exitosas” en Estados Unidos? ¿Por qué el mensaje lo lanza desde el corazón del poder estadounidense y no desde México, donde debería dar la cara? El timing lo dice todo: igual que Lili Téllez en Fox News, Alito recurrió a Washington cuando sintió la daga en el cuello.
Y no se trata de paranoia. Todo indica que esta jugada no es defensa de la democracia, sino supervivencia política a cambio de un precio altísimo: entregar la soberanía mexicana como moneda de cambio.
El viaje “secreto” que no fue tan secreto
Alito no avisó a nadie de su “gira de trabajo”. No había agenda pública ni encuentros oficiales. Simplemente apareció en Washington y se dejó ver en un restaurante histórico a pasos de la Casa Blanca, un lugar frecuentado por senadores y operadores de poder de EE.UU. ¿Casualidad? Difícil creerlo.
El propio video que grabó, con la ciudad de fondo, era más un mensaje cifrado que un informe para sus seguidores. No hablaba al pueblo mexicano; hablaba a quienes pueden salvarle la piel desde el extranjero.
El guion repetido: de Lili Téllez a Ricardo Anaya
La jugada no es nueva. Ricardo Anaya ya lo hizo desde Atlanta, lanzando videos semanales contra el gobierno mexicano. Lili Téllez lo repitió en Fox News, acusando a México de “narcoestado” y pidiendo intervención de Trump. Ahora Alito se suma a la misma narrativa: huir, victimizarse y usar a Washington como caja de resonancia.
¿El patrón? Todos plurinominales, ninguno elegido por voto directo, y todos alineados con la idea de que México necesita “salvación” externa. En política nada es gratis. Si se pide protección, se ofrece algo a cambio.
83 millones de razones para correr
La Fiscalía de Campeche no lo persigue por una diferencia política, sino por expedientes de desvíos millonarios: más de 83 millones de pesos documentados en carpetas abiertas. Audios, propiedades, grabaciones… las pruebas sobran. Ante esto, ¿qué hace Alito? No enfrenta los cargos en México. Prefiere posar en Washington como “opositor valiente” y culpar al gobierno actual de todos los males.
Caballos de Troya en la política mexicana
Lo que estamos viendo ya no son casos aislados. Es una estrategia coordinada: políticos mexicanos acusados de corrupción construyendo, desde EE.UU., la narrativa de que México está gobernado por el crimen y necesita intervención. Así se fabrican los pretextos para sanciones, presiones y hasta aventuras militares.
Decir que es “coincidencia” que Anaya, Lili Téllez y ahora Alito repitan la misma fórmula sería ingenuo. Es un manual viejo de Washington: infiltrar voces locales que legitimen la injerencia.
¿Defender a México o venderlo al mejor postor?
Alito habla de “narco políticos”, pero olvida convenientemente que su propio partido, el PRI, fue señalado durante décadas por pactos con el crimen y por inventar la corrupción estructural en el país. Que justo él, con su historial, aparezca en Washington pidiendo protección, es más que un insulto: es un acto de vendepatria.
Mientras soldados, marinos y policías mexicanos arriesgan la vida todos los días en la lucha contra el crimen, estos políticos viajan al extranjero a pedir que sea un ejército ajeno el que “rescate” a México. Eso no es valentía ni defensa democrática. Eso es traición.
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