¿Y si el negocio secreto que engrasaba gasolineras del otro lado de la frontera acaba de recibir su mayor golpe en años? En su primera comparecencia como secretario federal, Omar García Harfuch soltó la bomba: 98 millones de litros de hidrocarburo asegurados en 26 estados durante el primer año de Claudia Sheinbaum. No es una cifra; es una llave de dinero que se cierra… y salpica a quien no imaginarías.
Lo llamamos huachicol fiscal: combustible robado en México que termina “lavado” y vendido en mercados de Estados Unidos. El mensaje fue quirúrgico: tomas clandestinas clausuradas, tractocamiones, ferrotanques y redes empresariales en la lupa. Y sí, cuando cierras el ducto, tiembla la caja registradora al norte del Río Bravo.
¿Qué pasó exactamente? El dato duro que reescribe el relato
- 98 millones de litros incautados en 26 entidades: Aguascalientes, Baja California, Campeche, CDMX, Coahuila, Estado de México, Guanajuato, Hidalgo, Jalisco, Puebla, Sonora, Tabasco, Veracruz, Zacatecas… entre otras.
- 1,938 tomas clandestinas localizadas y clausuradas.
- 3,080 contenedores, 1,656 tractocamiones, 1,433 bidones y 129 ferrotanques asegurados.
- 15 detenidos en un operativo clave (CDMX, Nuevo León, Tamaulipas, Veracruz): empresarios, servidores públicos y operadores ligados al mercado ilícito.
Traducción al día a día: hablamos de gasolina suficiente para llenar 39 albercas olímpicas diarias durante semanas, o para que ciudades completas no pagaran combustible por meses. Ese flujo dejó de cruzar la frontera. Alguien pierde muchísimo dinero.
Por qué le duele a Estados Unidos (aunque no lo digan en voz alta)
El distribuidor final de gran parte de ese combustible no estaba en México. Estaba del otro lado: pequeñas refinerías, gasolineras “respetables” y redes logísticas que blanqueaban el producto. El “huachicol fiscal” funcionaba porque la ruta era corta, el negocio enorme y la impunidad rentable.
Con el apretón de tuercas, dos efectos inmediatos:
- Se corta la oferta barata: suben costos, caen márgenes, truenan intermediarios.
- Se descubren rutas y cómplices: documentación falsa, empresas de transporte coludidas, ordenes de aprehensión que ya alcanzan a estadounidenses si pisan territorio mexicano.
La estrategia Harfuch: del ducto a la red (y de la red al dinero)
No es solo “vigilar ductos”. Son cuatro ejes: prevención, inteligencia, operativos coordinados y judicialización. La clave está en desmantelar estructuras completas: el que ordeña, el que mueve, el que factura, el que vende. Cuando cortas logística + papel + caja, el crimen se queda sin aire.
Ejemplo del músculo operativo: el golpe en Tamaulipas con 10 millones de litros asegurados en un solo tiro. Equivale al consumo anual de más de 200,000 autos. Si eso no era negocio binacional, ¿qué era?
Sinaloa, helicóptero y terremoto político
La gira de Harfuch por Mazatlán fue mensaje con coreografía: aterrizaje en instalaciones militares, reuniones con Marina, Ejército y cúpula empresarial (atuneros, hoteleros, transportistas)… y al día siguiente: medio gabinete estatal fuera. No fue cortesía, fue control de daños. Cuando la federación pone expedientes sobre la mesa, los “intocables” dejan de serlo.
¿Y el otro relato? Fentanilo, frontera y una narrativa que hace agua
Mientras el trumpismo repite que “todo el fentanilo viene de México”, la realidad se impone con decomisos de más de una tonelada (meta, goma de opio y fentanilo) camuflados en cajas de chile jalapeño, detectados con escáneres de la Sedena y GN. México sí está actuando y elevando el costo del contrabando.
Además, incluso informes de agencias estadounidenses reconocen rutas directas desde Asia a puertos de EE.UU. y laboratorios locales. ¿Entonces? La militarización del discurso necesita un villano. Pero los números no obedecen a slogans.
Palabras clave que importan (y Google también entiende)
Claudia Sheinbaum, Omar García Harfuch, huachicol fiscal, robo de hidrocarburos, tomas clandestinas, ferrotanques, tractocamiones, frontera México–Estados Unidos, economía criminal, Sinaloa, Mazatlán, decomisos, inteligencia financiera, combate al huachicol, seguridad pública.
Lo que viene: menos gasolina robada, más presión política
Quitar 98 millones de litros del tablero reordena incentivos:
La respuesta será lobby, guerra mediática y presión fronteriza. Habrá más golpes… y más lloriqueos en prime time.
El crimen pierde financiamiento y capacidad de cooptación.
El lado consumidor pierde combustible barato y opacidad.
La narrativa de “México no hace nada” se desmorona.
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