jueves, enero 15, 2026

🔥 CANADÁ SE REBELA CONTRA TRUMP: ARANCELES BRUTALES Y RECONOCIMIENTO A PALESTINA DESATAN LA GUERRA TOTAL

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Canadá acaba de hacer algo que Estados Unidos jamás esperó: golpear con aranceles del 55% al acero y aluminio estadounidense y reconocer formalmente al Estado de Palestina, desatando una tormenta diplomática sin precedentes con la Casa Blanca.

Donald Trump respondió como era de esperarse: con represalias económicas, amenazas y berrinches. Pero esta vez, Canadá no se echó para atrás. Se acabaron las sonrisas diplomáticas. Esta vez, el mensaje fue claro: ni chantajes ni subordinación.

Mientras los medios lo ignoran o suavizan, aquí te explicamos el verdadero alcance de este rompimiento histórico que podría cambiar por completo las reglas del comercio, la geopolítica y la relación bilateral más importante del hemisferio. Y no, esto no tiene marcha atrás.


El presidente Trump quiso intimidar con aranceles del 35% a Canadá por haber reconocido a Palestina como Estado. Pero el tiro le salió por la culata. Canadá contraatacó con un arancel del 55% al acero y aluminio de EE.UU., desatando una guerra comercial abierta que ya está dejando pérdidas millonarias del lado estadounidense.

Y eso fue solo el principio.

Trump se enfureció con el anuncio del primer ministro canadiense, Mark Carney, de respaldar públicamente una solución de dos Estados en Medio Oriente y reconocer a Palestina de forma inmediata si se cumplen ciertas condiciones democráticas básicas. Carney fue directo: jamás se permitirá que Hamás forme parte del nuevo Estado y Palestina debe ser desmilitarizado y pacífico.

Estados Unidos reaccionó con furia. Pero esta vez, Canadá no solo no reculó, redobló la apuesta, y lo hizo con aliados como Francia, Alemania y Reino Unido. El mensaje fue demoledor: Occidente ya no sigue las órdenes de Washington.

Y mientras desde la Casa Blanca acusan a Canadá de sabotear la paz en Gaza, la verdadera tormenta se desató en el frente económico. Doug Ford, premier de Ontario y antiguo aliado de Trump, se le fue con todo. Lo llamó radical, impredecible y tóxico para la economía canadiense, y pidió a Carney que “le pegue tan fuerte como se pueda”.

Y así lo están haciendo.

Ontario canceló un contrato de 100 millones con Starlink, de Elon Musk. Se están repatriando fábricas enteras. Canadá dejará de enviar materias primas a EE.UU. para que se las regresen como productos procesados. Van a producir sus propias latas, rieles, autopartes y motores. Solo en latas de aluminio y hojalata, las pérdidas estimadas para EE.UU. superan los 2,300 millones de dólares anuales.

Trump pensó que Canadá se callaría. Pero el segundo país más grande del planeta está harto. Hartos de que le pongan etiquetas falsas a productos para hacerlos pasar como canadienses. Hartos de sostener empleos en EE.UU. a costa de su propia industria.

Porque Canadá no solo es su mayor cliente. Canadá sostiene 9 millones de empleos en EE.UU. Si cortan el suministro, las consecuencias serán devastadoras para fábricas, transportistas, supermercados… y votantes.

Y mientras tanto, Trump sigue inventando cifras de acuerdos inexistentes con Japón, Europa y otros países que luego lo desmienten. La credibilidad de EE.UU. está en el suelo. Lo de Palestina fue la gota que derramó el vaso.

Hoy Canadá lidera un movimiento de desobediencia diplomática. Ya no hay miedo. Ya no hay subordinación. Y esta vez, Estados Unidos no puede hacer nada para evitarlo.


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