¿Quién lo hubiera imaginado? Estadounidenses cruzando la frontera norte para pedir asilo… como si escaparan de una dictadura. ¿La razón? Racismo, represión, redadas, miedo real. Y todo bajo un mismo nombre: Trump.
La cifra ya es oficial. En lo que va del 2025, más de 245 ciudadanos estadounidenses han solicitado refugio político en Canadá. No por guerras. No por pobreza. Por persecución estatal. Por ser latinos. Por hablar español. Por parecer “ilegales” dentro de su propio país. Porque hoy en Estados Unidos, ser moreno y llamarte Pérez puede costarte la libertad.
Y lo que viene será peor. Octubre y noviembre, advierten expertos en migración, serán un infierno. Canadá se está convirtiendo en el nuevo refugio del “sueño americano”… porque en Estados Unidos ya no queda ni el sueño, ni la democracia.
El asilo que nadie vio venir
Los números no mienten. La Junta de Inmigración y Refugiados de Canadá (IRB) ya confirmó que hay un aumento sin precedentes de solicitudes de refugio provenientes de Estados Unidos. Lo impactante no es solo el dato: es el perfil. Personas con ciudadanía, con pasaporte azul, que huyen porque temen ser arrestadas solo por hablar español o tener apellido latino.
No es paranoia. Lo documentan organizaciones como Human Rights Watch y la ACLU. Desde que Trump volvió al poder, ICE ha detenido a estadounidenses por «parecer ilegales», sin órdenes judiciales, sin abogados, sin respeto al debido proceso.
Un país que se jacta de ser la tierra de la libertad… ahora tiene a sus propios ciudadanos cruzando a Canadá para sobrevivir.
No son migrantes. Son refugiados políticos
Estamos hablando de maestros, enfermeras, periodistas. Ciudadanos comunes. Como Amanda Tribach, enfermera blanca arrestada por grabar una redada. Como Mario Guevara, periodista con papeles, metido en confinamiento por cubrir protestas. Como Andrea Vélez, estadounidense detenida por su apellido.
La represión ya no distingue entre migrante e indocumentado. Ahora apunta a cualquiera que hable español, que proteste, que grabe, que se llame López o González. El “crimen” es existir fuera del molde blanco conservador. El castigo es el exilio interno o la huida al norte.
Canadá y México, los nuevos refugios
Canadá se ha convertido en un país de acogida para los que ya no caben en el país del águila calva. Aquí no hay redadas. Aquí no te persiguen por tu cara o tu acento. Aquí, como dicen los propios solicitantes de asilo, todavía se puede respirar.
Y México también empieza a figurar como opción real. Porque el verdadero muro ya no es el que separa, sino el que expulsa desde adentro. Un país que acusa de “enemigos” a quienes defienden derechos humanos, que criminaliza el periodismo y que convierte las criptomonedas en plataformas de lavado, ya no es una democracia. Es un régimen.
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