La fractura más peligrosa en la historia militar de Estados Unidos
Lo que está pasando dentro del ejército estadounidense no tiene precedentes. En menos de dos meses, más de treinta oficiales de alto rango —incluidos coroneles, almirantes y generales— han renunciado o pedido su retiro anticipado. Todos coinciden en lo mismo: ya no pueden servir a un presidente que viola la Constitución.
El caso más reciente fue el del coronel Douglas Kugman, quien abandonó su cargo tras 24 años de servicio. En su carta de renuncia, escribió que Trump trata la Constitución como una “simple sugerencia” y que está poniendo a prueba hasta dónde puede ignorarla. Y no lo dice un opositor político, lo dice un marine condecorado que sirvió bajo cuatro presidentes distintos.
Lo que empezó como un desacuerdo dentro del Comando Sur ya se convirtió en una rebelión interna contra Trump. Y lo peor es que el presidente parece decidido a convertir el Pentágono en una herramienta política personal.
Un ejército que ya no confía en su comandante
Las renuncias no son simbólicas. Generales y almirantes están dejando sus puestos porque se niegan a cumplir órdenes que violan la ley y los principios del país.
Trump ha empezado a usar al ejército como instrumento de represión interna, ordenando despliegues de tropas en ciudades estadounidenses para “controlar disturbios” que en realidad son protestas políticas.
El nuevo secretario de defensa, Pitt Hess, lo confirmó al anunciar que el “Departamento de Defensa” ahora se llamará “Departamento de Guerra”, algo que no ocurría desde 1947.
Esa frase encendió todas las alarmas: porque lo que el presidente busca no es proteger, sino dominar.
Incluso los militares más patriotas están diciendo “hasta aquí”.
Para ellos, jurar lealtad no significa obedecer a un hombre, sino defender la Constitución. Y eso es lo que Trump está rompiendo desde adentro.
El caos económico se suma a la crisis militar
Mientras el Pentágono se derrumba, la economía estadounidense se está desmoronando.
Los precios de los alimentos se han disparado: los huevos pasaron de 2 a 9 dólares la docena, el galón de leche cuesta 5 y el café subió más de 20%.
Las tarifas impuestas por Trump a Brasil, Canadá y China están reventando el bolsillo del ciudadano común.
Lo más absurdo es que esas tarifas las termina pagando el propio consumidor estadounidense.
Los supermercados están vacíos, las empresas importan menos y la vida se volvió insostenible.
Tanto, que miles de estadounidenses cruzan a México para comprar comida, medicinas y gasolina más barata.
Y mientras el pueblo lucha para sobrevivir, el presidente habla de “reconstruir el Departamento de Guerra”.
Cuando los patriotas dicen basta
Esta crisis no tiene nada que ver con ideologías. No es un tema de derecha o izquierda. Es una crisis de lealtad institucional.
Los oficiales que renuncian no odian a su país: lo aman tanto que no pueden seguir viendo cómo lo destruyen desde adentro.
Y cuando el propio ejército deja de confiar en su comandante, eso no se llama conspiración. Se llama supervivencia nacional.
Trump está aislado. Los militares se le están yendo, los precios se disparan, China y Rusia ganan terreno en América Latina y su propio pueblo empieza a despertar.
Lo que estamos viendo es el principio del colapso del poder presidencial como lo conocíamos.
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